...

INICIO


Los primeros cementerios madrileños, entendidos en su concepto moderno, aparecieron durante el reinado de José I Bonaparte (r. 1808-1813), aunque, ya en tiempos de Carlos III, se promulgaron leyes para favorecer la creación de este tipo de instalaciones fuera del casco urbano.
Hasta entonces, los enterramientos se hacían en las iglesias, bien en su interior, bien en pequeños camposantos en los aledaños del templo, sin ninguna garantía de salubridad.
La tremenda perplejidad de la vida, tan frecuentemente empañada y hasta anulada por lo cotidiano, tiene su epilogo en el hecho de la muerte. Final, y para algunos principio, de la autentica vida. La muerte tanto para los que la sienten final como para los que la creen principio no esta asumida por la humanidad. Es consustancial con la materia viva y sin embargo no esta debidamente interiorizada en nuestra cultura que no lo termina de ver como un hecho absolutamente natural, y que desde que tenemos conocimiento de él esta tratando de superarlo.
El tratamiento de la muerte es sin duda un hito en el camino de la Cultura del Hombre. Desde el momento en que empiezan a aparecer enterramientos comienza el tratamiento cultural de las civilizaciones a las que llegamos a través de su estudio, pues parece que la primera actividad duradera que acometen todos los grupos humanos una vez que han dejado de ser itinerantes, es la de guardar a sus muertos.



Google+ Followers

PUBLICIDAD